El asesinato de Bill Gates

McArthur Park, es un seudodocumental en el cual se imagina el crimen de Bill Gates al estilo del de J. F. Kennedy. Esta película se está convirtiendo en un éxito en Internet y en los Estados Unidos.El director es Brian Fleming, que filmó con una técnica similar a la de la película Blair Witch Project.

Visiten la página www.macarthurpark.com y lo verán.

Capitán América al rescate

Montevideo, 22 de enero de 2001.
Día totalmente improductivo en Montevideo.

Está ciudad es un páramo gris y ausente. No hay un alma deambulando por las calles. Montevideo parece un pueblo fantasma. Un pueblo chico y decadente. Pueblo chico, infierno grande, dicen algunos (lo de infierno debe ser por las altas temperaturas que tenemos que soportar los mortales).

Día improductivo. Trabajo, calor, inoperancia… Para escapar de la cámara lenta, decidí ir a Cinemateca. En programa: Space Cowboys.

Mejor me hubiera quedado en casa a ver algún enlatado porteño. Es lamentable lo de los chicos americanos salvando al planeta de una catástrofe nuclear -residuos de la guerra fría-, que aún sigue dando material para escribir guiones y para vender kilos y kilos de pop-corn. Al menos la sala tenía refrigeración y puede -por una hora y media- sentirme un ex-agente de la KGB recluido en Siberia.

Space Cowboys… Montevideo, 22 de enero de 2001… de Stanley Kubrick y de su prospección fílmica, por ahora ni miras.

Pensar el Cosmos: ni homogéneo ni Quijote

Fotografía de Marshall McLuhan en los años '70Somos -o quieren hacernos creer que somos- producto del concepto de “globalización”, que algunos de los teóricos de la sociología, de la economía, y de otras ciencias sociales se encargan de difundir y que los medios masivos de comunicación se encargan de reproducir constantemente.

El concepto de Marshall McLuhan y su “aldea global” funciona como anticipo en los estudios comunicacionales. Este conjunto de expresiones impactan claramente en los “inconscientes colectivos” de los pueblos. Los medios masivos de comunicación, particularmente, se encargan de difundir constantemente estos términos. Claramente también moldean nuestro pensamiento y, desde éste, nuestros actos.

Por lo tanto, el sistema se reproduce constantemente entre la superficialidad de la homogeinización y de la simpleza verbal. Los valores se vuelven etéreos, difusos -y en ciertos casos- ridículos.

Observo el contenido de los mensajes de los aparatos comunicacionales -insistiendo y machacando- con productos seriados, vulgares y carentes de imaginación. Términos como “globalización”, “nueva economía”, “convergencia”, etc., son las palabras de la neo-lengua del siglo XXI.

Succionamos inconscientemente conceptos e ideas en milésimas de segundos -al igual que los mensajes publicitarios-, y cuando no soportamos más la tensión, abandonamos, aplicamos el zapping intelectual.

Es ese cansancio el que debemos quebrar, y digo quebrar en el sentido más literal de la palabra. Quebrar, romper, desestructurar, en fin: destruir. No quiero pertenecer a un mundo homogéneo, idéntico, espejo de un sistema que carcome la esencia del individuo. Tampoco quiero ser un Quijote en busca de gigantes inexistentes, aunque en mis pensamientos más puros y cristalinos creo verlos e identificarlos. Por lo tanto, propongo el activismo.

La ciencia en un pantano (Karl Popper)

La base empírica de la ciencia objetiva no tiene, por consiguiente, nada de “absoluto”. La ciencia no descansa en una sólida roca. La estructura audaz de sus teorías se levanta, como si dijéramos, encima de un pantano. Es como un edificio construido sobre pilotes. Los pilotes son hincados desde arriba en el pantano, pero no en una basenatural o “dada”; y si no hincamos los pilotes más profundamente no es porque hayamos alcanzado suelo firme. Simplemente paramos cuando nos satisface la firmeza de los pilotes, que es suficiente para soportar la estructura, al menos por el momento.

– – –

* Popper, Karl (1972). Lógica de la investigación científica.

Claves para escribir en Internet

Escribir para un sitio de la Web parece más sencillo que hacerlo para un diario, una revista o la televisión. Nada más alejado de la realidad. Crear textos para la Web no es más fácil ni más difícil: es distinto. El periodismo on line ya tiene sus propias características. Quienes deseen escribir para la Web deben saber que los navegantes, antes que leer, lo que hacen es dar un vistazo en busca de informaciones útiles y creíbles. Y la experiencia indica que los usuarios de Internet difícilmente soporten la lectura de textos on line de más de mil palabras. No es que frente a la computadora el lector se torne más perezoso que ante un papel impreso, sino que el acto físico de leer en pantalla y hacer avanzar el texto con el mouse o el teclado implican una incomodidad y un esfuerzo mayor que el de sostener un periódico en un sillón o en la cama.

Gran parte del trabajo de escritura para la Web consiste en hacer que el lector encuentre lo que necesita con facilidad. Para lograrlo, hay una serie de técnicas. Por ejemplo, los artículos que se publiquen en la Web deben ser cortos y precisos. Además, es aconsejable dividirlos en bloques de texto de no más de quinientas palabras y ubicarlos en páginas diferentes del mismo sitio, pero enlazados. Eso sí, cada uno de estos bloques de texto debe valer por sí mismo. Tiene que incluir informaciones concretas e invitar a continuar la lectura del artículo completo con claras indicaciones de cómo hacerlo. Conviene usar frases cortas y palabras de uso corriente. Y cada oración debe contener solamente una idea, preferiblemente al final de cada frase, que es lo que el lector mejor recordará. Y los párrafos no deben incluir más de cinco o seis oraciones.

En cuanto el sitio, aunque cada sitio tiene sus propias normas, la mayor parte de la escritura on line es informal, irreverente, jugada e ingeniosa. Por eso es bueno incorporar el tono de los mensajes de los e-mail cuando nos comunicamos con un amigo. Por otra parte, la mejor forma de comenzar un texto es mediante un par de oraciones que resuman el contenido del artículo. Los inicios con suspenso o con el relato de una historia, muy interesantes en los medios gráficos, no funcionan bien con el lector de la Web.

Otra de las características salientes de un texto de la Web es la inclusión de links. Sin embargo, el exceso de tipografías, colores o subrayados con que aparecen en pantalla puede tornar pesada la lectura. Al describir una secuencia o una jerarquía es recomendable recurrir a listados numerados o con viñetas. Estas listas son mucho más fáciles de leer que un montón de palabras y oraciones. También es bueno incluir subtí­tulos y palabras clave.

El humor también es una buena arma. Pero esa herramienta tiene doble filo. Cuando se escribe para la Web, nuestras palabras llegarán a todo el mundo, literalmente. Por eso hay que evitar modismos o chistes que resulten incomprensibles o chocantes a personas que viven en otro ámbito geográfico.

Del otro lado del PC siempre habrá un lector, una persona para la cual se escribe. Alguien que concluirá la lectura de nuestras líneas con interés o que no querrá saber más nada de nosotros. Después de todo, ofertas le sobran. Porque Internet será virtual, pero los lectores y redactores que se comunican por este medio son tan reales como siempre.

David Landesman, editor y redactor argentino de sitios Web.
Extraído de Separatas del Verano, semanario Brecha, Viernes 23 de febrero de 2001.

¿El fin de la televisión abierta?

¿Estaremos viviendo el fin de la televisión abierta? Ésta es una rápida reflexión al ver el campo audiovisual en estos últimos tiempos.

La televisión abierta está sufriendo una crisis profunda, desde que a nuestro país llegó la televisión para abonados por cable. El objetivo de estos es simple: llegar a los usuarios de una forma fragmentada, ofreciendo diversos canales: cine, deportes, ciencia, música, dibujos animados, entretenimientos en general, etcétera, etcétera.

Gran parte de la población se ha identificado con este nuevo -ya con décadas en otros países- formato de televisión. A todo esto debemos agregarle la irrupción de la televisión satelital, gracias a la derogación de la ley que lo impedía, efectuada por el Presidente Jorge Batlle (Uruguay). Esta nueva modalidad se ha transformado en un auge en los últimos años. La televisión satelital ofrece a los usuarios una variedad que oscila entre los 150 y 200 canales. A modo de ejemplo, podemos citar a la operadora DirectTV Latin America, controlada por la Hughes Electronics Corporation (74%), Grupo Cisneros y Bessemer Holdings (21%) y Grupo Clarin (5%), que está preparándose, según el informe de la Gazeta Mercantil Latinoamericana, “para conquistar cuatro millones de abonados en América Latina en los próximos cinco años”. Actualmente, DirectTV cuenta con 1,3 millones de abonados en América Latina, de los cuales 500 mil, casi el 40% del total, son brasileños. Otro 20% está en Argentina, un 18% en México y el 22% restante se divide entre los otros países de la región.

Además de ofrecer canales exclusivos como Disney (infantil) y HBO (películas), la empresa apuesta a una pasión de los latinoamericanos: el fútbol. Según el informe de la Gazeta Mercantil Latinoamericana, en diciembre pasado, DirectTV pagó “cerca de 400 millones de dólares a la FIFA para obtener los derechos exclusivos de transmisión de la Copa del Mundo de fútbol 2002 y 2006 a México, Argentina, Venezuela, Colombia, Uruguay y Chile”.

Otro pilar de la estrategia de la empresa para América Latina es la TV interactiva, con video juegos, servicios de información del tiempo, transportes y home banking. Antes del final del año, también será implementado lo que está siendo llamado t-commerce, o comercio electrónico por TV. El objetivo es permitir que el televidente adquiera productos apenas usando su control remoto. “No estamos compitiendo con la computadora. La televisión es un vehículo de entretenimiento para la familia. Queremos ofrecer diversión y facilitar la vida de las personas”, dice el brasileño Milton Torres, vicepresidente de DirectTV Latin America.

Por lo visto -o, mejor dicho, leído- la televisión abierta se encuentra con grandes problemas de supervivencia. La televisión por cable y la televisión satelital la están desplazando paulatinamente. Esto significará, supongo yo, que no tendremos que manejar el control remoto para hacer zapping por los enlatados que ofrece la programación de nuestros canales, sino que tendremos el control remoto para poder consumir productos y así poder satisfacer nuestras necesidades no básicas, sin movernos ni un centímetro de la pantalla del televisor. ¡¡¡Que bueno!!! ¿No?

Asimo: el humanoide de Honda

120 centímetros son, según los creadores de Asimo, la altura ideal para un robot. Al menos si se lo piensa usar para prender la luz, abrir las puertas y levantar la mesa después de comer.

Esta suerte de mayordomo mecánico, que pesa 43 kilos, es una versión mejorada de un robot en el que Honda viene trabajando desde hace una década y media. A través del nombre de este humanoide se homenajea claramente a Isaac Asimov, el popularizador del término robot, que fuera inventado por el escritor checo Karel Chapek.

Cyberocupa

En este universo de lenguajes heterogéneos, de macros y de micros, soy un paria de la nueva era. Un cyberocupa interconectado con almas electrónicas que viajan por este caos virtual infinito. Una lágrima de metal que fluye entre las fibras ópticas hacia los más oscuros rincones de la imaginación.

La fuerza gravitacional no existe. La velocidad de la dinámica me transporta sin dejar rastros. La pureza de lo aséptico. El efecto doppler no existe en este espacio inconquistable de la tecno-vida.

Mis ojos se derriten para siempre en este sueño eterno, para sufrir la próxima vida que me espera. Demasiado pronto he recorrido el alter-mundo. Un segundo, una fracción que no puedo explicar me convierte en este ser digitalizado, que para siempre ha de cargar la cruz del nuevo milenio. La pesadilla de Asimov, de Ballard, de Bradbury, de Huxley, de mí otro yo, que no es más que aquel que nunca pude ser, antes de encender mi ordenador.

¡Buh! ¡Feliz día de Halloween!

“Mas claro échale agua”, dice un refrán popular. Halloween ya está entre nosotros. Y las voces se hacen escuchar: “Imperialismo cultural” dicen unos, “manifestación contracultural” dicen otros, y otros más vivos dicen “las ventas suben hasta las nubes”.

La cuestión es que los uruguayos somos unos fantasmas. El fin de semana pasado me encontraba en el Montevideo Shopping -por motivos que no deseo explicar-, en el complejo Moviecenter, y la parafernalia del horror me eclipsó los ojos. Calabazas, momias, brujas, dráculas, y otros seres irreconocibles para un tipo que ya está por fuera de la realidad juvenil pokemon. Niños disfrazados, madres histéricas disfrazadas y padres panzones disfrazados mirando alucinados la bicicleta de Milton Wynants… ¡muy fuerte!

Parece que antes de la proyección cinematográfica es obligación comprar pop, chicles, maní con chocolate, y todas las golosinas que se puedan llevar a la boca en 120 minutos de “séptimo arte” (¿?).

Moviecenter -y su olfato marketinero- pautó a los vendedores de golosinas disfrazarse para vender de forma cool y espanglish, todas esas fantásticas delicias a los ingenuos y cada vez más nabos padres.

La cuestión es que mucho Halloween, Día de Guy Fawkes, Trick or Treat, and more… pero en Carnaval -que esa sí es una fiesta yorugua por excelencia- ya nadie se disfraza. ¿Será porque los uruguayos ya estamos podridos de disfrazarnos para ir a trabajar, votar, estudiar, bailar, etc.? ¿O será que en estos tiempos de verdadero terror en que vivimos, los uruguayos nos conformamos con ponernos la careta de fantasma para decir “¿trato o treta?”, para que devuelta nos rompan la jeta?

¡Buh! ¡Feliz día de Halloween!

Salir de la pantalla

Hoy lunes Montevideo era esa Santa María tan bien descrita por Juan Carlos Onetti. Montevideo se transformó en esa ciudad gris, tan literaria por sus imágenes y tan melancólica como el tango más arrabalero que uno pueda escuchar.

Caminar por sus calles, era como caminar por un sitio sin vida, completamente muerto, asfixiante, sin respiración. Esa era la sensación que me daba al llegar a la rambla de Pocitos. Caminar de punta a punta por la ensenada de la playa y observar la edificación de la rambla fue como descubrir la otra realidad de la ciudad. Fue verlo todo desde afuera.

Diego, un amigo que estaba conmigo, reflexionó sabiamente: “Es bueno salir de la pantalla”, y ese concepto se redimensionó en mí. Es la triste realidad del siglo XXI.

Subimos caminando por 21 de Setiembre y el futuro estaba ahí. Mc Donald’s, las multisalas del cine Casablanca de Pintos Risso, Il Mondo della Pizza, Pizza Hut, y una parafernalia de automóviles estilizados, aerodinámicos, de colores fluorescentes. El futuro estaba ante nuestros ojos.

Edificaciones transparentes e iluminadas emergiendo entre las antiguas casas. Arquitecturas semejantes a juguetes de dimensiones descomunales: piezas de Lego encastradas en la urbe. Estéticas de televisión, estéticas de cómics, estéticas de caricaturas. Por un instante me sentía Michel J. Fox visitando Hill Valley en Volver al Futuro II (info). Solamente faltaba el holograma de Tiburón VII materializándose en la digitalizada atmósfera, pero por las dudas, abrí bien los ojos al pasar por el cine Casablanca, no fuera que en esta demencia mediática, se materializara Patrick Bateman -el asesino serial de American Psycho– y quedara mirándome fijamente a los ojos, con cara de pocos amigos y de cenar un ser humano de 70Kg.

Al llegar al Parque Rodó, nos detuvimos en una panadería a comprar unos bizcochos y una Coca-Cola. A la hora de pagar, la cajera me dijo: “Mirá que ese envase es más caro. Por qué no te llevas el descartable, que sale $22.” Le repliqué que los envases descartables, después quedan tirados por cualquier lado y nadie sabe qué hacer con ellos… y que la ecología… y todo eso. La mujer se me quedó mirando como si yo fuera un fundamentalista árabe, y al fin y al cabo, tuve que terminar comprando el envase descartable, ya que de última sí era más barato. Y bueno, los ideales en estos tiempos son tan flexibles… me sentía el Hombre Elástico, pero lamentablemente no estaba acompañado por Peggy (de Ula-Ula, ni hablemos).

Llegamos al apartamento de Diego y encendimos la televisión, y en ese momento quedamos hipnotizados… Nuevamente los ojos de pescado muerto frente a la pantalla del televisor… Never Araujo presentando el show de la información: que el conflicto entre israelitas y árabes, que el robo de un cajero automático completo en Sayago, que la posible ocupación de las facultades de Ciencias Sociales, Humanidades y Odontología, y las paupérrimas actuaciones de Peñarol y Nacional. ¡Ah! Y por último, el primer premio de Mr. Mundo, para el hijo de Silvia Kliche!

Apagamos el televisor, nos miramos y reflexionamos: “Es bueno salir de la pantalla”, por lo menos por unos pocos minutos…