Montevideo, 22 de enero de 2001.
Día totalmente improductivo en Montevideo.
Está ciudad es un páramo gris y ausente. No hay un alma deambulando por las calles. Montevideo parece un pueblo fantasma. Un pueblo chico y decadente. Pueblo chico, infierno grande, dicen algunos (lo de infierno debe ser por las altas temperaturas que tenemos que soportar los mortales).
Día improductivo. Trabajo, calor, inoperancia… Para escapar de la cámara lenta, decidí ir a Cinemateca. En programa: Space Cowboys.
Mejor me hubiera quedado en casa a ver algún enlatado porteño. Es lamentable lo de los chicos americanos salvando al planeta de una catástrofe nuclear -residuos de la guerra fría-, que aún sigue dando material para escribir guiones y para vender kilos y kilos de pop-corn. Al menos la sala tenía refrigeración y puede -por una hora y media- sentirme un ex-agente de la KGB recluido en Siberia.
Space Cowboys… Montevideo, 22 de enero de 2001… de Stanley Kubrick y de su prospección fílmica, por ahora ni miras.