Días de radio

Es notorio que a la hora de desarrollar temas sobre medios de comunicación generalmente -el que escribe-, se olvida completamente de uno tan importante en la historia como es el de la radio. Sinceramente será por que no soy un asiduo consumidor de ella. No lo sé. Pero a la ahora de analizar este medio de comunicación no nos podemos olvidar del gran impacto que ejerció en el individuo.

La radio, otro integrante más de la familia. En la primera guerra mundial fue la portadora de información para el «gran público». Prensa y propaganda para los más bélicos. ¡Como olvidar la celebre transmisión de H.G. Wells de la invasión de los hombrecillos verdes del espacio y el pánico que causó en la población de los Estados Unidos.

Woody Allen retrató muy bien aquellas épocas doradas en su película «Días de radio«, realmente una película fenomenal, donde Allen, con una ternura impresionante, describe la vida de varios personajes y su relación con aquel viejo mueble parlante. Musicales, radio-novelas, entretenimientos, boletines de último momento…

En estos tiempos que corren de Internet y televisión digital, la radio ha logrado acomodarse a las nuevas tecnologías (¿simbiosis electrónica?), hoy en día podemos navegar por los lugares más recónditos de nuestro espacio virtual con la posibilidad de escuchar emisoras de cualquier rincón del globo. La palabra sigue siendo indispensable. La palabra sigue siendo buscada.

Ojos de pescado muerto

Me encuentro sentado frente a la pantalla del televisor. Mis ojos no advierten el engaño de las imágenes que se reproducen frente a ellos. Son ojos de pescado muerto. Ojos tontos y susceptibles al engaño de los tres colores básicos.

Mi mente está completamente idiotizada. No puedo pensar en nada. Simplemente me encuentro en un estado de vacío intelectual. La estupidez me ha dominado. La cultura de masas fluye delante de mis ojos. Primer plano, plano medio, primer plano, plano general, primer plano, plano detalle, plano medio.

Cerca de mi casa, en un muro, un lúcido graffity dice:
«Si la televisión es la diversión, lo que será el aburrimiento!»

La televisión es la droga electrónica por excelencia. Puede convertir a una persona en Dios como también le puede convertir en Demonio. Crea ideología para los consumidores sedientos de pura artificialidad. Y es uno de los principales elementos en el proceso de socialización del individuo. Da para pensar, ¿no?

Mientras tanto, yo sigo observando la pantalla del televisor… con ojos de pescado muerto.