Brecha Digital, Accesibilidad y Usabilidad en la Web

El término Brecha Digital, que se hizo popular a fines de los años 90 entre académicos, instituciones gubernamentales y organizaciones sociales, refiere a las implicancias de carácter social, de la diferente cantidad de información entre los que tienen acceso a la Internet y los que no lo tienen…

Definiciones previas

El término Brecha Digital, que se hizo popular a fines de los años 90 entre académicos, instituciones gubernamentales y organizaciones sociales, refiere a las implicancias de carácter social, de la diferente cantidad de información entre los que tienen acceso a la Internet (especialmente de alta velocidad) y los que no lo tienen.

En la edad de la Tecnología de Información, Accesibilidad refiere a la posibilidad de cada uno (inclusive personas discapacitadas), sin importar su preparación física o tecnológica, de tener acceso y de utilizar productos de la tecnología y de la información. Ajustando la definición anterior al contexto de Internet, cabe incluir que Accesibilidad Web implica que cualquier persona que visita un sitio Web usando cualquier navegador1, debe poder conseguir una comprensión completa de la información contenida allí y también poder tener una interacción completa con este.

Usabilidad es un término usado para denotar la facilidad con que una persona puede usar una herramienta u otro objeto manufacturado, para cumplir con éxito cierta tarea. En el contexto de la Web, se relaciona sobretodo con la fluidez de las interacciones de un usuario en un sitio Web.

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Salir de la pantalla

Hoy lunes Montevideo era esa Santa María tan bien descrita por Juan Carlos Onetti. Montevideo se transformó en esa ciudad gris, tan literaria por sus imágenes y tan melancólica como el tango más arrabalero que uno pueda escuchar.

Caminar por sus calles, era como caminar por un sitio sin vida, completamente muerto, asfixiante, sin respiración. Esa era la sensación que me daba al llegar a la rambla de Pocitos. Caminar de punta a punta por la ensenada de la playa y observar la edificación de la rambla fue como descubrir la otra realidad de la ciudad. Fue verlo todo desde afuera.

Diego, un amigo que estaba conmigo, reflexionó sabiamente: “Es bueno salir de la pantalla”, y ese concepto se redimensionó en mí. Es la triste realidad del siglo XXI.

Subimos caminando por 21 de Setiembre y el futuro estaba ahí. Mc Donald’s, las multisalas del cine Casablanca de Pintos Risso, Il Mondo della Pizza, Pizza Hut, y una parafernalia de automóviles estilizados, aerodinámicos, de colores fluorescentes. El futuro estaba ante nuestros ojos.

Edificaciones transparentes e iluminadas emergiendo entre las antiguas casas. Arquitecturas semejantes a juguetes de dimensiones descomunales: piezas de Lego encastradas en la urbe. Estéticas de televisión, estéticas de cómics, estéticas de caricaturas. Por un instante me sentía Michel J. Fox visitando Hill Valley en Volver al Futuro II (info). Solamente faltaba el holograma de Tiburón VII materializándose en la digitalizada atmósfera, pero por las dudas, abrí bien los ojos al pasar por el cine Casablanca, no fuera que en esta demencia mediática, se materializara Patrick Bateman -el asesino serial de American Psycho– y quedara mirándome fijamente a los ojos, con cara de pocos amigos y de cenar un ser humano de 70Kg.

Al llegar al Parque Rodó, nos detuvimos en una panadería a comprar unos bizcochos y una Coca-Cola. A la hora de pagar, la cajera me dijo: “Mirá que ese envase es más caro. Por qué no te llevas el descartable, que sale $22.” Le repliqué que los envases descartables, después quedan tirados por cualquier lado y nadie sabe qué hacer con ellos… y que la ecología… y todo eso. La mujer se me quedó mirando como si yo fuera un fundamentalista árabe, y al fin y al cabo, tuve que terminar comprando el envase descartable, ya que de última sí era más barato. Y bueno, los ideales en estos tiempos son tan flexibles… me sentía el Hombre Elástico, pero lamentablemente no estaba acompañado por Peggy (de Ula-Ula, ni hablemos).

Llegamos al apartamento de Diego y encendimos la televisión, y en ese momento quedamos hipnotizados… Nuevamente los ojos de pescado muerto frente a la pantalla del televisor… Never Araujo presentando el show de la información: que el conflicto entre israelitas y árabes, que el robo de un cajero automático completo en Sayago, que la posible ocupación de las facultades de Ciencias Sociales, Humanidades y Odontología, y las paupérrimas actuaciones de Peñarol y Nacional. ¡Ah! Y por último, el primer premio de Mr. Mundo, para el hijo de Silvia Kliche!

Apagamos el televisor, nos miramos y reflexionamos: “Es bueno salir de la pantalla”, por lo menos por unos pocos minutos…

El sindrome de la ansiedad

Hace poco tiempo me encontraba a las 11:30 de la noche en la parada del ómnibus. Salía de la facultad extenuado. Clase de epistemología. Imagínense. Obviamente, lo psicocósmico acompañaba. Hacía mucho frío. La calle Ramón Anador se encontraba completamente vacía. Huérfana. En esos momentos de desesperación y soledad -que fomentan la espera de un ómnibus a esas horas de la noche-, uno comienza a experimentar cierta introspección existencialista. Filosofamos realmente.

Es ahí cuando se manifiesta la patología de estos tiempos. La ansiedad de lo inmediato: la desesperación del 145 es similar a la espera del 104. Ómnibuses kafkeanos por excelencia, que se pierden en la burocracia de las calles ambiguas de Montevideo. Esa ansiedad nos carcome. “No se lo que quiero, pero lo quiero ya”, cantaba Luca Prodan. La ansiedad del tiempo real. La ansiedad on-line que nos hace sentirnos orgullosos. Ese estado de sentirse desarrollado, sin serlo.

Esa misma noche, me encontré con unos amigos en un boliche cerca de la Facultad de Arquitectura. Obviamente, whisky va, whisky viene, comenzamos a reflexionar sobre misceláneas cotidianas. Comentarios tan disímiles como, por ejemplo: el partido de Uruguay y Brasil en el Maracaná, lo rica que estaba la pizza con muzarella, el parcial que se venía de semiótica y otras temas que prefiero no recordar.

Y mientras conversábamos, por un momento me evadí de la discusión. Me quedé conversando conmigo mismo. Nuevamente surgió la ansiedad. Esa ansiedad inconsciente, que me hace querer adelantarme a lo que dice el otro. A que se anulen los espacios de locución. Las pausas, las risas, los fursios. Adelantarme a los pensamientos.

¿La instantaneidad del tiempo real? No lo sé. Quizá sea tiempo para que me dedique a la parapsicología.

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En respuesta a los comentarios que ha generado este artículo, para ilustrar y orientar sobre el tema, debajo incluimos algunos vídeos de YouTube. De todos modos, esta es una condición médica común en nuestros días, y no debe dejarse de consultar a los profesionales en la materia.

Cortometraje documental “la ansiedad”:

Programa de TV de Andalucía sobre la ansiedad (parte 1 de 3):

Programa de TV de Andalucía sobre la ansiedad (parte 2 de 3):

Programa de TV de Andalucía sobre la ansiedad (parte 3 de 3):

Recomendaciones para controlar la ansiedad (parte 1 de 2):

Recomendaciones para controlar la ansiedad (parte 2 de 2):

Mi guerra en silencio (documental sobre la ansiedad):